Un lugar común no común.
No recuerdo bien cómo fue que terminamos, estos tres especímenes y yo, reunidos en el patio de la facultad una tarde soleada del mes de noviembre. Difícil seria determinar cual de todos estaba más loco. Por eso me sentía a gusto allí. Seguro. Casi ni nos conocíamos, aunque nos veíamos tres veces por semana, dos horas cada día (los mas valientes) para escuchar la clase de un tipo un poco bastante raro, por no decir loco de remate. Sé que todos pensábamos lo mismo al oírlo hablar pero por supuesto, como nadie se dirigía la palabra con nadie, los comentarios morían en las mentes de cada cual. Porque obvio, no se habla con desconocidos. Lo que sí recuerdo es que me acerqué a Juan porque ademas de ser lindo, me resultaba interesante (y nadie me resultaba interesante por esos días). Estaba leyendo un libro de esos viejos, marrones y con la tapa cayéndose a pedazos. Igual que yo. Y así arrancó la charla. El sol nos pegaba cálido en la cara y su sonrisa era fresca. También recuerdo bien mi f...