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Una idea cualquiera

Domingo. Otra vez. Vos. Y esta cuestión de puntuación.

Pesadilla de una noche de tormenta

Era viernes, y a pesar de la humedad y la lluvia, el aire olía más que nunca a fin de semana. Cumplías años y esa noche lo festejabas en mi casa. ¿Te acordás como te tuve que insistir? Decías que no, que quedaba mal, que era de poco caballero. Pero  te encantaba cumplir años, y yo lo sabía. Vinieron todos tus amigos, mis amigas, tus primos, los míos. Lo hicimos en el patio, al borde de la pileta, y no sé si tu sonrisa era más grande que la mía o al revés. Qué lindo te reías, sobre todo con una o dos copas de alcohol encima. En un momento me senté y vi en una sola imagen cómo todos bailaban, cantaban, se reían. No podrías haber pedido un momento más perfecto. Hasta que pasó. Primero un estruendo hizo estallar unos vasos de vidrio que aguardaban todavía vacíos sobre la mesa. Nadie lo notó. Agapornis sonaba mas fuerte. Fui a buscarte porque algo me inquietó y te encontré charlando con mis amigas. Y entonces otra vez. Pero esta vez todos lo advirtieron. Alguien b...

Gol

Apareciste como aparecen las cosas cuando uno no las busca. Y me hiciste acordar como era eso de reír sin razón ni tristeza. Solo reír. Porque si. Porque por qué no.  Me acomodaste el corazón cuando ya se había acostumbrado a la incomodidad, y resucitaste mi sonrisa más profunda, la más genuina, la que te sale desde el alma.  Me gustas. Vos. Y todavía más nos gusto, los dos. Juntos. Metiste un gol de media cancha al minuto y medio de juego, y me dejaste medio estúpida, medio dada vuelta en este  partido (ojalá) interminable.

Un sueño azul y un par de lucecitas

Ojalá alguna lucecita brille en tu cielo de allá. Y en tu cielo de acá. Y en todos tus cielos. Y ojalá que esa lucecita sea azul. Porque el azul es el color de los sueños, pero no de cualquier sueño, sino de los más profundos, de esos que bucean en lo más hondo de nuestro océano existencial, esos sueños que de tan simples a veces resultan efímeros, casi tontos. Sueños azules. Una hilera de luces de navidad cuelga de un techo. Son lucecitas y no son del todo de navidad. Así: "lucecitas"; porque en diminutivo combinan mejor con Buenos Aires y con una noche de verano. Con las estrellas que no le temen a la tormenta, y con el vidrio verde de una cerveza ya vacía hace rato, con los mosquitos y con un acorde que se escapa de alguna ventana. Alguien en la ciudad de tatúa la palabra soltar , y ya no sé si me parece una boludez. Porque solté y vinieron un par de buenas. Un grillo le canta a la luna que no salga el sol. Y yo te canto a vos. Para que busques una lucecita po...

No olviden

"No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (...). No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión . La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería... son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor, son cosas que nos mantienen vivos ." La sociedad de los poetas muertos. 

Ese mito barato

Anoche una amiga me preguntó si estaba escribiendo. Le dije que no, que ando con poco tiempo, y en seguida la conversación volvió a su cauce normal: hockey, chicos, estudios, anécdotas de sábado por la noche. Pero hoy me puse a pensar en su pregunta. Quizá un poco porque llueve, quizá un poco porque es domingo y la sociedad pareciera que nos empuja a deprimirnos y ponernos algo introspectivos. No es que ahora sí haya encontrado el tiempo para escribir, de hecho tengo una pila de libros esperándome a mi lado, pero hoy siento la necesidad imperiosa de escribir. O escribirle. No importa si es basura, si es cliché o literariamente mediocre. Hoy quiero escribir para mí. O para él. Qué se yo. Lo que más bronca me da es que en realidad nunca empezó y entonces nunca terminó. Nunca supe cómo decirle a eso que pasaba porque no era nada. O mejor dicho, era justamente eso, la nada misma. {Hay una canción flotando por algún lado que dice que "amar, a veces, puede ser imaginar alg...

Orgasmo intelectual

Hay días en los que me siento completa. Pero hay otros días en los que miro tus fotos, y me acuerdo que en realidad estoy un poco vacía. Me regalaste un mundo que no conocía, y me quitaste la posibilidad de sentirme bien en éste que vivo. Vos. Vos con tus teorías que me dejaban al borde del colapso mental.  No te culpo. Para ser sincera, es lo mejor que me pasó hasta ahora.

Un recuerdo helado

Sábado. Diciembre. 15 horas. El shopping colapsa de gente y mis tíos insisten en comprarme ropa, o algún juguete, lo que yo quiera. Pero no quiero nada. El timbre del teléfono interrumpe el silencio que grita en la camioneta. Mi tío responde con monosílabos y mi tía me sonríe por el espejo retrovisor. Yo ya sabía que iban a llamar. La habitación es enorme, y aunque está pintada y decorada completamente de color blanco, me parece el lugar más triste del mundo. Está helada, pero la acaricio igual. Escucho a papá detrás mio tragándose diez mil llantos. Te extraño siempre.

Un recuerdo pegajoso

Estamos bailando. De fondo, la música de siempre. Muy fuerte. En el lugar de siempre. En realidad sólo nos movemos, y en realidad es más bien ruido, no música. No lo escucho. Tampoco lo veo. Sus manos son lo único que siento. Están frías, casi heladas. ¿O son las mías? Sus dedos, largos y huesudos, se entrelazan con los míos por detrás del final de su cintura. La luz hace que mis uñas brillen y es todo un espectáculo luminoso en medio de la noche y el humo. Entre su anular y mi meñique se siente pegajoso. ¿Cerveza quizá? Tal vez es vodka. Sus manos son suaves, abrazan las mías con delicadeza y creo que descubrimos un nuevo idioma. Mentira. Yo sola lo descubro. Tengo miedo de que mis manos le susurren eso que no se atreve a gritar mi voz. Que no me suelte nunca, por favor .

Más héroes por favor

Yo creía que sabía lo que era la impotencia. Creí haberme sentido impotente varias veces. Pero me equivoqué. Me equivoqué mucho. No creo que estas palabras lleguen a publicarse en algún medio, al fin y al cabo no son mas que  los sentimientos de una chica de diecinueve años. Pero soy una chica triste por ver como la impunidad y la injusticia juegan de local, a estadio repleto y ganan por goleada, en un país donde la honestidad, los buenos valores y el trabajo calientan el banco hace rato. ¿Tienen héroes? Yo sí. Es mi papá. Se llama Daniel y tiene casi 54 años, de los cuales dedicó 36 a trabajar en una empresa de ingeniería. Empezó de abajo, como se hacía antes, y se fue formando hasta llegar al puesto jerárquico que ocupó hasta la semana pasada. Creció en ese lugar. Vivió en ese lugar. En el último tiempo se la pasaba rezongando porque “la empresa no es la que era”. Intereses. Ambiciones. Posturas políticas. Favores políticos… Empezó a sentirse incómodo. No. Uno no se sien...